Un lugar de encuentro

Este es un lugar de encuentro para los apasionados por la lectura, el cine, la historia, el arte, la Filosofía y el pensamiento crítico.
Bienvenidos a mi blog

miércoles, 26 de mayo de 2010

LOS PADRES PRIMEROS EDUCADORES DE SUS HIJOS

1. INTRODUCCIÓN

Corren tiempos en los que las prisas nos llevan a no considerar el significado de las palabras, incluso hay quién piensa que éstas no tienen importancia. Sin embargo, lo característico del ser humano es la capacidad de pensar y de transmitir lo pensado: las palabras y los conceptos son muy importantes.

Así, el termino educar no significa lo mismo para todos. Cuando se habla de educación unos entienden adquirir conocimientos, otros lo confunden con las buenas maneras. Educar significa ayudar a crecer como personas y por eso el término “educación integral” que tanto se utiliza parece una redundancia: la educación o es integral o no lo es.

La educación tiene mucho más que ver con la adquisición de virtudes humanas y su vivencia que con adquirir conocimientos. Corresponde a los padres la transmisión de esos valores y virtudes que donde mejor se aprenden es en la familia, el lugar donde se es querido por el mero hecho de ser.

2. FUNDAMENTACIÓN

“Puesto que los padres han dado la vida a los hijos, tienen la gravísima obligación de educar a la prole, y por tanto hay que reconocerlos como los primeros y principales educadores de sus hijos. Este deber de la educación familiar es de tanta trascendencia que, cuando falta, difícilmente puede suplirse. Es, pues, deber de los padres crear un ambiente de familia animado por el amor, por la piedad hacia Dios y hacia los hombres, que favorezca la educación íntegra personal y social de los hijos. La familia es, por tanto, la primera escuela de las virtudes sociales, que todas las sociedades necesitan” (Gravissimum educationis, Paulo VI)

“El derecho-deber educativo de los padres se califica como esencial, (…) original y primario, respecto al deber educativo de los demás, por la unicidad de la relación de amor que subsiste entre padres e hijos; como insustituible e inalienable y que, por consiguiente, no puede ser totalmente delegado o usurpado por otros” (Mater et Magistra, Concilio Vaticano II)

“Por encima de estas características, no puede olvidarse que el elemento más radical, que determina el deber educativo de los padres, es el amor paterno y materno que encuentra en la acción educativa su realización, al hacer pleno y perfecto el servicio a la vida. El amor de los padres se transforma de fuente en alma, y por consiguiente, en norma, que inspira y guía toda la acción educativa concreta, enriqueciéndola con los valores de dulzura, constancia, bondad, servicio, desinterés, espíritu de sacrificio, que son el fruto más precioso del amor” (Exhortación Apostólica Familiaris Consortio, Juan Pablo II)

3. PROTAGONISMO DE LOS PADRES EN LA EDUCACIÓN DE SUS HIJOS

Por naturaleza, el derecho irrenunciable y la responsabilidad de la educación de los alumnos de un centro educativo corresponde a los padres, a quienes el colegio ayuda en su tarea indelegable de primeros y fundamentales educadores, conscientes de que, por grande que pueda ser la influencia educativa del centro, no tiene la hondura, ni la extensión, ni la continuidad del ambiente familiar.

La familia es el ámbito propio del desarrollo más profundo de la persona: las actitudes más radicales ante la vida, la formación moral y religiosa, el uso responsable de la libertad y, en general, la orientación y el cultivo de la personalidad, se educan principalmente en el seno familiar. Allí, la persona recibe los primeros y más decisivos estímulos para el desarrollo sensorial, lingüístico, intelectual y físico. Familia y colegio se necesitan mutuamente, aunque el protagonismo y la principal responsabilidad la tiene la primera.

La responsabilidad de los padres en la educación de sus hijos abarca todos los aspectos de esta. También su aprendizaje, en cuanto esta actividad es un medio fundamental para la formación de la inteligencia y la voluntad de la persona. El colegio que responsablemente eligen los padres para sus hijos, haciendo uso de su derecho es un complemento educativo de la familia, nunca un sustituto. Ni siquiera la formación intelectual es tarea exclusiva de la escuela, aunque lo sea preferentemente, sino que, también en este campo, la familia tiene su responsabilidad: la creación y mantenimiento de una cultura familiar, en el más pleno sentido del término cultura: cultivo intelectual mediante la comunicación, la ayuda y el aliento mutuo en un ámbito de seguridad, de amor y aceptación.

Cuando la familia y el colegio son dos ámbitos equilibrados y coherentes en valores, se están sentando las bases más firmes para una educación de calidad.

Corresponde al centro educativo, en primer y principal lugar, ayudar a los padres de los alumnos para que puedan ser, de hecho, lo que les corresponde por derecho: los primeros y principales educadores de sus hijos. Originariamente, los padres -el matrimonio en común- son los únicos que tienen el derecho y el deber de educar a sus hijos. Los profesores participan de ese derecho-deber subsidiariamente, en la medida que los padres delegan ese encargo al centro educativo, sin dejar por ello su responsabilidad. Son los padres los que han de proponer las metas educativas de sus hijos, quienes trazan las líneas maestras de un auténtico proyecto educativo personal: ¿Qué quiero para mi hijo? ¿Cómo lo quiero educar? En la práctica, empiezan a responder a esas preguntas cuando eligen un determinado tipo de centro educativo para sus hijos.

Cuanto más consciente, perseverante y coherente sea la acción educativa familiar, mayor será su influencia en la formación de sus hijos. Cuando falta esta vida educativa familiar, se producen importantes carencias en el desarrollo. El tiempo compartido es muy importante para el desarrollo equilibrado de los hijos y para la construcción de una vida familiar sana. La relación a la que hacemos referencia supone, ante todo, dedicar tiempo a los hijos, y en esa dedicación es más importante la calidad que la cantidad.

Por estas razones, interesa facilitar y fomentar desde el centro escolar la implicación de los padres en la educación de sus hijos, ofreciéndoles, de parte de los profesores, ocasiones y medios de actuar educativamente con sus hijos, para que conozcan con seguridad sus enormes posibilidades educativas, en su ámbito propio, el familiar, con su buen ejemplo y compartiendo el tiempo con sus hijos en actividades realmente educativas y enriquecedoras para toda la familia.

El colegio debe ayudar a los padres de familia para que dediquen su tiempo a sus hijos, para que tengan la seguridad de que son capaces de educar muy bien a sus hijos y darles una amplia gama de sugerencias prácticas de modos de hacer educativos en la familia. Las entrevistas de asesoramiento educativo familiar representan un momento especialmente oportuno para ese fin.

El programa de educación familiar, que contempla reuniones de curso para padres, cursos intensivos y aulas permanentes, los ciclos de conferencias o la orientación sobre lecturas escogidas, son algunos medios de adquirir los conocimientos y destrezas necesarias que les faciliten la educación de sus hijos.

El colegio, también deben mantener a los padres informados de los contenidos que se trabajan en ese momento en el centro escolar y de las posibilidades que ofrece el seno familiar para una mejor educación. Por eso es importante establecer una información frecuente y fluida del colegio a las familias sobre las actividades escolares que realizan sus hijos, así como los logros que van alcanzando y las dificultades que encuentran.
REFERENCIAS:

1. Declaración Gravissimum Educationis (sobre la educación cristiana). Paulo VI. 1965
2. Proyecto Educativo Familiar. Nota Técnica de ICEF. Isabel de Palomino. 2005
3. Exhortación Apostólica Familiaris Consortio. Juan Pablo II. 1981
4. Nota Técnica. Espíritu Fundacional. APDE 1994
5. Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución dogmática sobre la Iglesia “Lumen Gentium” 11. 1966
6. Carta Encíclica. Humanae vitae. Paulo VI. 1968

jueves, 13 de mayo de 2010

Libro: El juego de Ender (título original Ender's Game, 1985)

El juego de Ender (título original Ender's Game, 1985) es la novela más conocida de Orson Scott Card. Obtuvo los dos premios más prestigiosos de la ciencia ficción: el Premio Nébula a la mejor novela en 1985 y el Premio Hugo a la mejor novela en 1986. La novela se originó como un cuento de ciencia ficción en Analog Magazine (1977), cuento que recibió el Premio Ignotus de 1994, así como sendas nominaciones al Hugo y Locus de 1978. Está ambientada en un futuro donde la humanidad se enfrenta al exterminio a manos de una agresiva sociedad extraterrestre conocida como los "insectores" (buggers en el original). El juego de Ender es el primero de un grupo de cuatro libros conocidos como la Saga de Ender. En 1999 Card comenzó una serie de novelas paralela a la acción descrita en la Saga de Ender, la Saga de las Sombras, que se compone de otros cuatro libros. La primera de estas novelas fue La Sombra de Ender.

Sinópsis en breve:

La tierra se ve amenazada por una raza extraterrestre que se comunica telepáticamente y considera no tener nada en común con los humanos a los que quiere destruir. Para vencerlos es necesario un genio militar y por ello se ha permitido el nacimiento de Ender. La novela, primera la serie sobre su protagonista, trata de la formación de una personalidad excepcional en medio de un ambiente de gran presión y complejidad tecnológica. A la habilidad en tratamiento de las emociones que es habitual en Card, se une aquí el interés por la utilización de simulaciones de ordenador en la formación militar y estratégica del protagonista.

Comentario:

Pocas novelas en la ciencia ficción me han causado interés. Esta que reseño hoy, me apasionó. No es una genialidad, pero si una obra maestra: es un soplo nuevo que definió los relatos posteriores de este género literario. Adictiva te prende desde el primer momento y que provoca en no pocos lectores (me incluyo) solo un capítulo más y me duermo: al final desvelo.

Quizás estamos hablando de una de las novelas que se ha convertido en paradigma, tanto en la identificación psicológica de los personajes como en un aspecto los juegos de guerra, y es, sin ninguna duda, una obra pionera en la descripción de la realidad virtual. Es una de las novelas indiscutibles del género; sin embargo, se ha quedado en una tierra de nadie entre la ciencia-ficción clásica y la New Wave, un pequeño encallamiento que no impide que sea merecidamente lo que es: una de las piezas más importantes de la historia de la ciencia-ficción.

Me quedo aquí ánimo a leer que la vida es corta.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Un poema, una canción

Caminante no hay camino

Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre el mar.

Nunca persequí la gloria,
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles,
como pompas de jabón.

Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse...

Nunca perseguí la gloria.

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.

Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino
sino estelas en la mar...

Hace algún tiempo en ese lugar
donde hoy los bosques se visten de espinos
se oyó la voz de un poeta gritar
"Caminante no hay camino,
se hace camino al andar..."

Golpe a golpe, verso a verso...

Murió el poeta lejos del hogar.
Le cubre el polvo de un país vecino.
Al alejarse le vieron llorar.
"Caminante no hay camino,
se hace camino al andar..."

Golpe a golpe, verso a verso...

Cuando el jilguero no puede cantar.
Cuando el poeta es un peregrino,
cuando de nada nos sirve rezar.
"Caminante no hay camino,
se hace camino al andar..."

Golpe a golpe, verso a verso.

Antonio Machado

jueves, 22 de abril de 2010

The Road (La Carretera) No necesita de premios, se premia por sí sola

Título V.O.: The road
Año de producción: 2009
Distribuidora: Wide Pictures
Género: Drama
Clasificación: No recomendada menores de 13 años
Estreno: 5 de febrero de 2010
Director: John Hillcoat
Guión: Joe Penhall
Música: Nick Cave, Warren Ellis
Fotografía: Javier Aguirresarobe
Intérpretes: Robert Duvall (el anciano), Charlize Theron (la esposa), Viggo Mortensen (el hombre), Molly Parker (mujer maternal), Guy Pearce (el veterano), Garrett Dillahunt (miembro de la banda), Kodi Smit-McPhee (el niño)


"The Road" es la adaptación de John Hillcoat de la novela del mismo nombre, de Cormac McCarthy, en la que un hombre y su hijo recorren las destrozadas rutas de un mundo en el que la civilización ha llegado a su fin y la naturaleza padece una agonía en la que se trasluce el final.

Sinopsis

El mundo fue prácticamente destruido hace una década por un cataclismo desconocido. No hay autoridad, ni alimentos, ni energía, sólo unos pocos supervivientes, violentos, sin ley y el canibalismo. En este paisaje apocalíptico, un padre y su hijo caminan por lo que antes eran autopistas, intentando subsistir con lo que encuentran. Si quieren mantenerse en pie, tendrán que defenderse de los ataques, valerse de los recuerdos del pasado y no perder el amor del uno por el otro.

Me llama poderosamente la atención que la Academia de Hollywood no le prestara la más mínima atención a la película más sólida del 2009 y, mucho más grave aún, la que sin lugar a dudas es la interpretación masculina del año, Viggo Mortensen está irreconocible,brillante.

Pero "The Road" es una película que se defiende sola sin necesidad de premios, y es así por varios motivos; en primer lugar porque poner en imágenes novela tan introspectiva y divagante, relato tan psicológico y literario sin sacrificar la rotundidad existencialista del texto de Cormac McCarthy tiene mucho mérito; en segundo lugar por saber separar el grano de la paja y no caer en los tics de género, ni encharcarse en el cine apocalíptico contemporáneo; "The Road" es cine y literatura (y ciencia ficción) que se mueve en un escalofriante juego de matices en un drama familiar, el de un hombre obstinado por mantener encendida la llama de paternidad en un océano de desesperanza.

John Hillcoat interpreta magistralmente la novela de McCarthy, respetando su espíritu, dotándola de una entidad visual inimaginable y de una densidad escénica, por demás, absolutamente proverbial. Un inspiradísimo Viggo Mortensen, cuaja sin prisa el relato a caballo entre el presente y el pasado.

Hillcoat dibuja un desolador panorama de destrucción irreversible en medio de una catástrofe planetaria: toda la escalofriante degradación física y moral de la humanidad. Esculpe así una conmovedora epopeya padre-hijo en los límites mismos de la cordura y en el umbral que divide el mundo de los hombres y las bestias.

¿Los Oscar´s?, la verdad esta película no los necesita para fingir ser lo que no es. Le sobran motivos y argumentos para ser una de las películas clave de 2010 y, no menos importante, una de las adaptaciones novelescas más brillantes del año.

miércoles, 17 de marzo de 2010

más sobre lo que se comenta actualmente

"Desde 1995 se ha denunciado en Alemania 210.000 casos de abusos sexuales de algún tipo. De ellos, 94 (noventa y cuatro) afectan a personas o instituciones de la Iglesia católica.

Eso supone el 0,045 %. No el 4%, ni el 0,4% sino el 0,0447%

El dato lo ofrece el veterano periodista Luigi Accattoli en un artículo publicado en Liberal (9 de marzo 2010)

["Ora è il turno della Germania e la fiamma raddoppia perché il Papa è tedesco. In Germania dal 1995 sono stati denunciati 210 mila casi di abusi su minori e quelli coinvolgenti la Chiesa cattolica sarebbero 94: ce n’è per tutti.

http://www.liberal.it/media/340307/09_03_liberal_10.pdf]

Antes de seguir adelante, subrayo -para evitar equívocos- lo que ya he dicho aquí varias veces: un solo caso ya es demasiado. No se trata, por tanto, de hacer un ranking ni de ver quien se ha comportado peor. Pero al mismo tiempo, es preciso reconocer que -a juzgar por los titulares de prensa de estos días-, se diría que la gran bestia negra es la Iglesia católica y sus depravados ministros.

“Es fácil explicar el ensañamiento de los medios sobre el clero católico”, dice Accattoli. “El mundo de los periodistas apoya espontáneamente la 'revolución sexual' e individua fácilmente en el clero católico la mayor resistencia a tal orientación, de aquí el ímpetu con el que da resalto -si puede- a las contradicciones”. Es una observación interesante de una persona que lleva cuarenta años trabajando en diarios como La Repubblica y Corriere della Sera.

Dejando de lado lo que puedan decir o hacer los demás, resulta admirable la "operación limpieza" que está llevando a cabo Benedicto XVI, de la que ya habló en el memorable Via Crucis de 2005 (escrito por el cardenal Ratzinger y seguido por Juan Pablo II, pocos días antes de morir, desde la capilla de su apartamento)."

http://www.laiglesiaenlaprensa.com/2010/03/operaci%C3%B3nlimpieza-de-benecito-xvi.html

martes, 16 de marzo de 2010

Aclaraciones de la Iglesia ante los continuos señalamientos de la prensa

CIUDAD DEL VATICANO, lunes 15 de marzo de 2010.- Publicamos el artículo que con el título "El rigor de Benedicto XVI contra la suciedad en la Iglesia" ha publicado el 14 de marzo, en la edición italiana de "L'Osservatore Romano", Monseñor Giuseppe Versaldi, Obispo de Alejandría (norte de Italia), profesor emérito de Derecho Canónico y Psicología en la Universidad Pontificia Gregoriana.



* * *





Es oportuno hacer algunas aclaraciones sobre los abusos sexuales contra menores de edad que en el pasado han sido realizados por personas pertenecientes al clero católico y que ahora, especialmente en algunos países, están saliendo a la luz con gran espacio en muchos medios de comunicación. Ante todo, hay que confirmar la condena sin reservas de estos delitos gravísimos que son repugnantes para la conciencia de cualquier persona. Si además estos crímenes son cometidos por personas que desempeñan un papel en la Iglesia, personas en las que se pone una especial confianza por parte de los fieles y en particular de los niños, entonces el escándalo es aún más grave y condenable. La Iglesia no pretende tolerar ninguna incertidumbre sobre la condena del delito ni sobre el alejamiento del ministerio de quien se mancha con tanta infamia, junto a la justa reparación con las víctimas.

Confirmada esta posición, hay que subrayar un ensañamiento con la Iglesia católica, como si fuera la institución en la que con más frecuencia se comenten estos abusos Por amor a la verdad hay que decir que el número de sacerdotes culpables de estos abusos en América del Norte, donde se han registrado el mayor número de casos, es muy reducido y es todavía inferior en Europa. Si esto replantea cuantitativamente el fenómeno, no atenúa de ningún modo su condena ni la lucha por extirparlo, pues el sacerdocio exige que accedan únicamente personas humana y espiritualmente maduras. Aunque sólo se diera un caso de abuso por parte de un sacerdote sería inaceptable.

Sin embargo, no se puede dejar de constatar que la imagen negativa atribuida a la Iglesia católica a causa de estos delitos parece exagerada. Además, hay quien atribuye al celibato de los sacerdotes católicos la causa de los comportamientos desviados, mientras que está comprobado que no existe ninguna relación de causa: ante todo, porque es sabido que los abusos sexuales sobre los menores de edad están más difundidos entre los laicos y los casados que entre el clero célibe; en segundo lugar, los datos de las investigaciones revelan que los sacerdotes culpables de abusos ya no observaban el celibato.

Pero es todavía más relevante subrayar que la Iglesia católica, a diferencia de la imagen deformada con la que se la quiere presentar, es la institución que ha decidido librar la batalla más clara contra los abusos sexuales contra los menores de edad, comenzando por su interior. En esto hay que reconocer que Benedicto XVI ha dado un impulso decisivo a esta lucha, gracias a su experiencia de más de veinte años como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. No hay que olvidar que precisamente desde ese observatorio el cardenal Ratzinger ha tenido la posibilidad de seguir los casos de abusos que eran denunciados y ha favorecido una reforma, incluso legislativa, más rigurosa en esta materia.

Ahora, como supremo pastor de la Iglesia, el Papa mantiene en este campo --y no sólo en éste-- un estilo de gobierno que busca la purificación de la Iglesia, eliminando la "suciedad" que se impregna en ella. Benedicto XVI ha demostrado ser un pastor vigilante de su grey, a diferencia de la imagen falseada que le presenta como un estudioso que lo único que hace es escribir libros, y que delegaría a los demás el gobierno de la Iglesia, según el cliché que algunos quieren ponerle, por desgracia incluso desde dentro de la jerarquía católica. Gracias al mayor rigor del Papa, diferentes conferencia episcopales están aclarando los casos de abusos sexuales, y colaborando con las autoridades civiles para hacer justicia a las víctimas.

Es por tanto paradójico presentar a la Iglesia como si fuera la responsable de los abusos contra los menores de edad e injusto no reconocerle a ella, y en especial a Benedicto XVI, el mérito de una batalla abierta y decidida contra los delitos cometidos por sus sacerdotes. A esta paradoja se le añade otra: cuando a Iglesia establece sabiamente normas más severas para prevenir el acceso de personas inmaduras en el campo sexual, en general, es atacada y criticada por ese mismo sector que la presenta como la principal responsable de los abusos contra menores de edad. La línea rigurosa y clara asumida por la Santa Sede tiene que ser acogida por la Iglesia, y no sólo por la Iglesia, para garantizar la verdad, la justicia y la caridad hacia todos.

[Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina]
Fuente Zenit.org

miércoles, 17 de febrero de 2010

Mensaje del Miércoles de Ceniza de Benedicto XVI

Catequesis del Papa Benedicto XVI, durante la Audiencia General celebrada el 17 de febrero del 2010 en el Aula Pablo VI con peregrinos de los cinco continentes

Queridos hermanos y hermanas
Iniciamos hoy, miércoles de Ceniza, el camino cuaresmal: un camino que se extiende durante cuarenta días y que nos lleva a la alegría de la Pascua del Señor. En este itinerario espiritual no estamos solos, porque la Iglesia nos acompaña y nos sostiene desde el principio con la Palabra de Dios, que encierra un programa de vida espiritual y de compromiso penitencial, y con la gracia de los Sacramentos.
Son las palabras del apóstol Pablo las que nos ofrecen una consigna precisa: “os exhortamos a que no recibáis en vano la gracia de Dios. Pues dice él: 'En el tiempo favorable te escuché y en el día de salvación te ayudé'. Mirad ahora el momento favorable; mirad ahora el día de salvación” (2Cor 6,1-2). En verdad, en la visión cristiana de la vida cada momento debe decirse favorable y cada día debe llamarse día de salvación, pero la liturgia de la Iglesia refiere estas palabras de modo muy particular al tiempo de la Cuaresma. Y que los cuarenta días de preparación de la Pascua sean un tiempo favorable y de gracia lo podemos entender precisamente en la llamada que el austero rito de la imposición de las cenizas nos dirige y que se expresa, en la liturgia, con dos fórmulas: “Convertíos y creed en el Evangelio”, y “Recuerda que eres polvo, y al polvo volverás”.
La primera llamada es a la conversión, palabra que hay que tomar en su extraordinaria seriedad, descubriendo la sorprendente novedad que encierra. La llamada a la conversión, de hecho, pone al desnudo y denuncia la fácil superficialidad que caracteriza muy a menudo nuestro modo de vivir. Convertirse significa cambiar de dirección en el camino de la vida: pero no para un pequeño ajuste, sino con una verdadera y total inversión de la marcha. Conversión es ir contracorriente, donde la “corriente” es el estilo de vida superficial, incoherente e ilusorio, que a menudo nos arrastra, nos domina y nos hace esclavos del mal o en todo caso prisioneros de la mediocridad moral. Con la conversión, en cambio, se apunta a la medida alta de la vida cristiana, se nos confía al Evangelio vivo y personal, que es Cristo Jesús. Su persona es la meta final y el sentido profundo de la conversión, él es el camino sobre el que estamos llamados a caminar en la vida, dejándonos iluminar por su luz y sostener por su fuerza que mueve nuestros pasos. De esta forma la conversión manifiesta su rostro más espléndido y fascinante: no es una simple decisión moral, que rectificar nuestra conducta de vida, sino que es una decisión de fe, que nos implica enteramente en la comunión íntima con la persona viva y concreta de Jesús. Convertirse y creer en el Evangelio no son dos cosas distintas o de alguna forma sólo cercanas entre sí, sino que expresan la misma realidad. La conversión es el "sí" total de quien entrega su propia existencia al Evangelio, respondiendo libremente a Cristo, que primero se ofreció al hombre como camino, verdad y vida, como aquel que lo libera y lo salva. Precisamente este es el sentido de las primeras palabras con las que, según el evangelista Marcos, Jesús abre la predicación del “Evangelio de Dios”: “"El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva" (Mc 1,15).
El "convertíos y creed en el Evangelio" no está solo en el inicio de la vida cristiana, sino que acompaña todos sus pasos, permanece renovándose y se difunde ramificándose en todas sus expresiones. Cada día es momento favorable de gracia, porque cada día nos invita a entregarnos a Jesús, a tener confianza en Él, a permanecer en Él, a compartir su estilo de vida, a aprender de Él el amor verdadero, a seguirle en el cumplimiento cotidiano de la voluntad del Padre, la única gran ley de vida. Cada día, aún cuando no faltan las dificultades y las fatigas, los cansancios y las caídas, aún cuando estamos tentados de abandonar el camino de seguimiento de Cristo y de cerrarnos en nosotros mismos, en nuestro egoísmo, sin darnos cuenta de la necesidad que tenemos de abrirnos al amor de Dios en Cristo, para vivir la misma lógica de justicia y de amor. En el reciente Mensaje para la Cuaresma he querido recordar que “se necesita humildad para aceptar tener necesidad de Otro que me libere de lo 'mío', para darme gratuitamente lo 'suyo'. Esto sucede particularmente en los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía. Gracias al amor de Cristo, podemos entrar en la justicia 'más grande', que es la del amor (cfr Rm 13,8-10), la justicia de quien se siente en todo momento más deudor que acreedor, porque ha recibido más de cuanto podía esperar" (L'Oss. Rom. 5 de febrero de 2010, p. 8).
El momento favorable y de gracia de la Cuaresma nos muestra el propio significado espiritual también a través de la antigua fórmula: “Recuerda que eres polvo y al polvo volverás”, que el sacerdote pronuncia cuando impone sobre nuestra cabeza un poco de ceniza. Somos así remitidos a los inicios de la historia humana, cuando el Señor dijo a Adán tras la culpa de los orígenes: “Con el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas al suelo, pues de él fuiste tomado. Porque eres polvo y al polvo tornarás" (Gen 3,19). Aquí, la palabra de Dios nos recuerda nuestra fragilidad, incluso nuestra muerte, que es su forma extrema. Frente al innato miedo del fin, y aún más en el contexto de una cultura que de tantas formas tiende a censurar la realidad y la experiencia humana del morir, la liturgia cuaresmal, por un lado, nos recuerda la muerte invitándonos al realismo y a la sabiduría, pero, por otro lado, nos empuja sobre todo a coger y a vivir la novedad inesperada de que la fe cristiana libera de la realidad de la misma muerte.
El hombre es polvo y al polvo volverá, pero es polvo precioso a los ojos de Dios, porque Dios ha creado al hombre destinándolo a la inmortalidad. Así la fórmula litúrgica “Recuerda que eres polvo y al polvo volverás” encuentra la plenitud de su significado en referencia al nuevo Adán, Cristo. También el Señor Jesús quiso libremente compartir con cada hombre la suerte de a fragilidad, en particular a través de su muerte en cruz; pero precisamente esta muerte, llena de su amor por el Padre y por la humanidad, ha sido el camino para la resurrección gloriosa, a través de la cual Cristo se ha convertido en fuente de una gracia dada a cuantos creen en Él y son hechos partícipes de la misma vida divina. Esta vida que no tendrá fin está ya presente en la fase terrena de nuestra existencia, pero será llevada a cumplimiento tras la “resurrección de la carne” El pequeño gesto de la imposición de las cenizas nos revela la singular riqueza de su significado: es una invitación a recorrer el tiempo de Cuaresma como una inmersión más consciente y más intensa en el misterio pascual de Cristo, en su muerte y su resurrección, mediante la participación en la Eucaristía y en la vida de caridad, que de la Eucaristía nace y en la que encuentra su cumplimiento. Con la imposición de las cenizas renovamos nuestro compromiso de seguir a Jesús, de dejarnos transformar por su misterio pascual, para vencer el mal y hacer el bien, ara hacer morir nuestro “hombre viejo” ligado al pecado y hacer nacer al “hombre nuevo” transformado por la gracia de Dios.
¡Queridos amigos! Mientras nos apresuramos a emprender el austero camino cuaresmal, queremos invocar con particular confianza la protección y el auxilio de la Virgen María. Que sea Ella, la primera creyente en Cristo, quien nos acompañe en estos cuarenta días de intensa oración y de sincera penitencia, para llegar a celebrar, purificados y completamente renovados en la mente y en el espíritu, el gran misterio de la Pascua de su Hijo.
¡Buena Cuaresma a todos!
©Libreria Editrice Vaticana