Uno se cree
que las mató
el tiempo y la ausencia.
Pero su tren
vendió boleto
...de ida y vuelta.
Son aquellas pequeñas cosas,
que nos dejó un tiempo de rosas
en un rincón,
en un papel
o en un cajón.
Como un ladrón
te acechan detrás
de la puerta.
Te tienen tan
a su merced
como hojas muertas.
Que el viento arrastra allá o aquí,
que te sonríen tristes y
nos hacen que
lloremos cuando
nadie nos ve.
Joan Manuel Serrat
sábado, 4 de diciembre de 2010
lunes, 15 de noviembre de 2010
La virtud de la Lealtad
LEALTAD
Las lealtades de un hombre configuran el mosaico que muestra la clase de persona que cada uno ha escogido ser en la vida. Tus lealtades configuran en cierto sentido tu personalidad.
Lealtad indica la cualidad interior de rectitud y franqueza, de fidelidad y constancia a la palabra dada, a las personas e instituciones y también al propio honor personal. La lealtad es muy diferente del servilismo en el que con frecuencia caen los hombres cuando esperan o buscan conseguir algo que los ha cegado. La lealtad obra en un nivel más alto. Es como el coraje que se manifiesta con mayor claridad cuando se trabaja bajo presión. La lealtad sobrevive a las dificultades, sean externas o internas, a los contratiempos, resiste la tentación y no se acobarda ante los ataques. La lealtad vivida por un hombre engendra la confianza y conserva la amistad.
Incluye algunos elementos constitutivos como la necesaria adhesión de la persona humana a otro, particularmente a la religión, a la patria, a los jefes, a los grupos, a los movimientos en cuanto éstos representan un conjunto de valores dentro de la historia. Por tanto, la lealtad como superación del individualismo, y que engendra ineludiblemente un vínculo interior correspondiente a los lazos externos.
Otro rasgo constitutivo es su triunfo sobre el tiempo, la lealtad no es pasajera: perenniza amistades e instituciones, a pesar y gracias a las tribulaciones y crisis por las que puedan pasar. Estas crisis y dificultades son la autentificación de la lealtad.
Sin embargo, esta virtud no garantiza siempre una acción correcta que requiere algo más que buenas intenciones. La acción correcta requiere además la sabiduría para discernir lo correcto y la voluntad para realizarlo. La lealtad no implica tampoco de por sí simpatía con aquellos a quienes somos leales, ni de ellos a nosotros. La lealtad es muy diferente de la amistad, aunque a menudo van de la mano.
Podemos descubrir dos niveles: lealtad como vínculo interpersonal y como compromiso social. En el primer caso es una adhesión de naturaleza espiritual que une a dos personas en un tipo de promesa de fidelidad más o menos implícita. Un ejemplo muy concreto es el de David que permanece leal al rey Saúl, el ungido del Señor, aún cuando éste intenta matarlo. En dos ocasiones, nos narra la Biblia, David tiene la oportunidad de acabar con la vida de Saúl pero se abstiene de hacerlo por lealtad.
La ruptura de este vínculo personal constituye una traición o desprecio a la palabra dada de manera recíproca. La deslealtad ha sido siempre considerada como un envilecimiento de la persona en todas las culturas. Como botón de muestra basta pensar en la traición de Judas que resulta incomprensible o en la negación de Pedro que nos confunde y en la que tantas veces nos vemos identificados.
En el segundo caso se trata de una lealtad en el campo social que establece un vínculo interior, una adhesión propiamente humana, es decir, consciente, constructiva, y permanente a la sociedad, a los regímenes, a las instituciones y a los guías que los gobiernan. Es el caso del juramento de lealtad que presta el presidente a la constitución o los ciudadanos a la bandera. Es, aunque en otro plano superior, la Alianza entre Dios y el pueblo de Israel en el Antiguo Testamento: Dios en el Sinaí comprometiéndose da su palabra e igualmente el pueblo de la Alianza se empeña en guardar lealmente el pacto con el Señor: «Yo seré tu Dios y tú serás mi pueblo».
Nuestras lealtades van evolucionando con nuestra vida en la medida que vamos descubriendo en ellas la verdad. Y puede llegar el momento de encontrarnos con lealtades aparentemente conflictivas que pueden imponernos decisiones desagradables. Conviene clarificar la diferencia entre una decisión desagradable y una decisión difícil, porque a menudo se confunden decisiones fáciles pero desagradables llamándolas difíciles.
Se necesita muchas veces una inteligencia perspicaz para resolver las dificultades que las lealtades conflictivas nos presentan. Cristo lo hizo con su memorable frase: «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios» (Mt. 22,21). La mayoría de los casos no son tan excepcionales. Son raras las veces en que no podemos ser leales a Dios y a la patria al mismo tiempo.
Grande es el alma de aquel que ha sabido conservarse leal a sus valores toda una vida y más bella es aún el alma de aquellos que han recibido el sello que autentifica su lealtad: el sufrimiento y no se han echado atrás. Las personas más leales en este sentido son los mártires cristianos.
Las lealtades de un hombre configuran el mosaico que muestra la clase de persona que cada uno ha escogido ser en la vida. Tus lealtades configuran en cierto sentido tu personalidad.
Lealtad indica la cualidad interior de rectitud y franqueza, de fidelidad y constancia a la palabra dada, a las personas e instituciones y también al propio honor personal. La lealtad es muy diferente del servilismo en el que con frecuencia caen los hombres cuando esperan o buscan conseguir algo que los ha cegado. La lealtad obra en un nivel más alto. Es como el coraje que se manifiesta con mayor claridad cuando se trabaja bajo presión. La lealtad sobrevive a las dificultades, sean externas o internas, a los contratiempos, resiste la tentación y no se acobarda ante los ataques. La lealtad vivida por un hombre engendra la confianza y conserva la amistad.
Incluye algunos elementos constitutivos como la necesaria adhesión de la persona humana a otro, particularmente a la religión, a la patria, a los jefes, a los grupos, a los movimientos en cuanto éstos representan un conjunto de valores dentro de la historia. Por tanto, la lealtad como superación del individualismo, y que engendra ineludiblemente un vínculo interior correspondiente a los lazos externos.
Otro rasgo constitutivo es su triunfo sobre el tiempo, la lealtad no es pasajera: perenniza amistades e instituciones, a pesar y gracias a las tribulaciones y crisis por las que puedan pasar. Estas crisis y dificultades son la autentificación de la lealtad.
Sin embargo, esta virtud no garantiza siempre una acción correcta que requiere algo más que buenas intenciones. La acción correcta requiere además la sabiduría para discernir lo correcto y la voluntad para realizarlo. La lealtad no implica tampoco de por sí simpatía con aquellos a quienes somos leales, ni de ellos a nosotros. La lealtad es muy diferente de la amistad, aunque a menudo van de la mano.
Podemos descubrir dos niveles: lealtad como vínculo interpersonal y como compromiso social. En el primer caso es una adhesión de naturaleza espiritual que une a dos personas en un tipo de promesa de fidelidad más o menos implícita. Un ejemplo muy concreto es el de David que permanece leal al rey Saúl, el ungido del Señor, aún cuando éste intenta matarlo. En dos ocasiones, nos narra la Biblia, David tiene la oportunidad de acabar con la vida de Saúl pero se abstiene de hacerlo por lealtad.
La ruptura de este vínculo personal constituye una traición o desprecio a la palabra dada de manera recíproca. La deslealtad ha sido siempre considerada como un envilecimiento de la persona en todas las culturas. Como botón de muestra basta pensar en la traición de Judas que resulta incomprensible o en la negación de Pedro que nos confunde y en la que tantas veces nos vemos identificados.
En el segundo caso se trata de una lealtad en el campo social que establece un vínculo interior, una adhesión propiamente humana, es decir, consciente, constructiva, y permanente a la sociedad, a los regímenes, a las instituciones y a los guías que los gobiernan. Es el caso del juramento de lealtad que presta el presidente a la constitución o los ciudadanos a la bandera. Es, aunque en otro plano superior, la Alianza entre Dios y el pueblo de Israel en el Antiguo Testamento: Dios en el Sinaí comprometiéndose da su palabra e igualmente el pueblo de la Alianza se empeña en guardar lealmente el pacto con el Señor: «Yo seré tu Dios y tú serás mi pueblo».
Nuestras lealtades van evolucionando con nuestra vida en la medida que vamos descubriendo en ellas la verdad. Y puede llegar el momento de encontrarnos con lealtades aparentemente conflictivas que pueden imponernos decisiones desagradables. Conviene clarificar la diferencia entre una decisión desagradable y una decisión difícil, porque a menudo se confunden decisiones fáciles pero desagradables llamándolas difíciles.
Se necesita muchas veces una inteligencia perspicaz para resolver las dificultades que las lealtades conflictivas nos presentan. Cristo lo hizo con su memorable frase: «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios» (Mt. 22,21). La mayoría de los casos no son tan excepcionales. Son raras las veces en que no podemos ser leales a Dios y a la patria al mismo tiempo.
Grande es el alma de aquel que ha sabido conservarse leal a sus valores toda una vida y más bella es aún el alma de aquellos que han recibido el sello que autentifica su lealtad: el sufrimiento y no se han echado atrás. Las personas más leales en este sentido son los mártires cristianos.
domingo, 31 de octubre de 2010
Facebook y la publicidad
Facebook y el problema de la privacidad
No todo es culpa de Mark Zuckerberg
Cuando nació Facebook en 2005, bien pronto se colocó entre las preferencias de millones de usuarios dispuestos a ofrecer e intercambiar información sobre la propia vida a sus amigos y conocidos.
Pero la apuesta enseguida sugirió dilemas sobre la conveniencia de que ese material estuviera también disponible para ‘los amigos de los amigos’ y terminara en manos equivocadas. La inquietud se agravó todavía más en virtud de que esa información personal supuestamente protegida quedó al descubierto en buscadores comerciales como Google.
Periódicos como The Wall Street Journal revelaron también que la famosa red social fundada por el joven estudiante de psicología de la Universidad de Harvard Mark Zuckerberg estaba sublicenciando los datos de sus usuarios a terceros, concretamente a anunciantes.
En diciembre de 2009 Facebook emprendió algunas modificaciones de cara a garantizar la privacidad de los datos de sus usuarios, quienes podrían elegir libremente con quién compartir información. De ahí nacieron las 50 diferentes configuraciones y las 170 opciones para decidir con quién y cómo compartirla, con la confusión que eso implicó.
Voces en contra
En abril de 2010, una aplicación de la red social invitaba a compartir los gustos de los usuarios en páginas públicas. De hecho se ejecutó, a pesar de que la persona no hubiera aceptado. Fue entonces cuando algunos gobiernos y asociaciones de usuarios de Internet alzaron la voz.
A mediados de mayo de 2010, Facebook anunció la reconsideración de las políticas de privacidad y el 25 de mayo del mismo año se hacían oficiales cuáles serían esas políticas (se hicieron públicas en el blog oficial de Facebook:
http://blog.facebook.com/blog.php?post=391922327130).
¿Cuáles son los cambios? Tres, esencialmente: “Un mando único para el contenido, controles más potentes para tu información básica y un control fácil para apagar todas las aplicaciones”.
Quizá quedaban mejor explicados y analizados en el blog Contando Estrellas (http://www.outono.net/elentir/):
“Los cambios más escandalosos han sido los relativos a la sección “Amigos, etiquetas y conexiones” dentro de la Configuración de Privacidad”.
“Estos últimos días Facebook ha obligado a cambiar el viejo modelo de relación de gustos personales a los que aún nos resistíamos a adoptar el nuevo. Los cambios me han animado a revisar qué información ha hecho pública Facebook de mi perfil sin previo aviso. Mi sorpresa ha sido encontrarme con que Facebook ha abierto a todo el mundo los datos sobre ciudad de origen y residencia, formación y empleo, actividades, intereses y gustos. Millones de personas que habían decidido mantener cierto grado de privacidad sobre una parte o la totalidad de esos datos los tienen ahora expuestos al público sin saberlo”.
“Os aconsejo a todos pulsar aquí y revisar la configuración de privacidad de vuestras cuentas en Facebook, es muy posible que os llevéis más de una sorpresa. Os recuerdo, además, que desde el cambio de privacidad implementado en diciembre, Facebook publica la foto de perfil de sus usuarios aunque antes de ese cambio éstos hubiesen indicado que deseaban mantenerla en privado. Personalmente me quedo perplejo ante la tremenda ligereza que demuestra Facebook en lo relativo a la intimidad de sus usuarios y a la libertad de éstos para decidir qué relaciones quieren establecer en esa red. El pasado sábado Zuckerberg aseguraba que “los usuarios de Facebook no quieren una privacidad absoluta”, una declaración sorprendente teniendo en cuenta que esa red social ya tiene unos 400 millones de usuarios. ¿Ha hecho Zuckerberg una encuesta global entre todos ellos o ha decidido erigirse por su cuenta y riesgo en nuestro portavoz sin habernos consultado antes qué es lo que queremos?”.
Es evidente que Facebook no es una obra de caridad católica o una Organización No Gubernamental de carácter filantrópico. Precisa de ganancias para seguir funcionando y las ganancias dependen, en buena medida, de los datos que los usuarios libremente cargan.
El problema de la privacidad, que ya ha tenido tristes consecuencias, incluso se ha cobrado vidas por concepto de secuestros, o robos de contraseñas –por ejemplo–, es una responsabilidad compartida entre la organización que da el servicio y el usuario que sabe a qué se compromete y qué carga en la red.
Después de todo, nadie obliga a que alguien suba determinada información y las políticas de privacidad son visibles y a ellas se compromete sin coerción quien usa el servicio cuando acepta las condiciones de uso.
Cinco consejos prácticos
Y todo lo anterior, en cuanto responsabilidad compartida, invita precisamente a un uso maduro de esos medios. Fijándonos concretamente en el tema de la privacidad, a continuación cinco consejos prácticos que pueden ayudar a protegerse:
1. Autogobierno. Nosotros somos quienes controlamos el propio perfil, no el perfil quien nos controla a nosotros. El deseo de ser conocido no puede estar por encima de nuestra propia seguridad.
2. Respetar a los otros. Regla de oro: no hacer al otro lo que no me gustaría que me hicieran a mí.
3. Cambiar los datos de acceso. Si uso varias redes sociales, que no sea la misma clave que la del mail, que la de la tarjeta de crédito, el seguro médico, etc. Siempre una diferente. Así si roban una clave, robarán sólo esa clave.
4. Estar informados. Leer las letras pequeñas, saber a qué nos comprometemos, en dónde puede terminar nuestra información. No podemos quejarnos de lo que se nos avisó antes. Como dice el refrán: sobre aviso, no hay engaño.
5. Fijarse en los niveles de privacidad. Conocerlos y aplicarlos.
Como queda dicho, el problema de la privacidad no es sólo un problema de Facebook.
No todo es culpa de Mark Zuckerberg
Cuando nació Facebook en 2005, bien pronto se colocó entre las preferencias de millones de usuarios dispuestos a ofrecer e intercambiar información sobre la propia vida a sus amigos y conocidos.
Pero la apuesta enseguida sugirió dilemas sobre la conveniencia de que ese material estuviera también disponible para ‘los amigos de los amigos’ y terminara en manos equivocadas. La inquietud se agravó todavía más en virtud de que esa información personal supuestamente protegida quedó al descubierto en buscadores comerciales como Google.
Periódicos como The Wall Street Journal revelaron también que la famosa red social fundada por el joven estudiante de psicología de la Universidad de Harvard Mark Zuckerberg estaba sublicenciando los datos de sus usuarios a terceros, concretamente a anunciantes.
En diciembre de 2009 Facebook emprendió algunas modificaciones de cara a garantizar la privacidad de los datos de sus usuarios, quienes podrían elegir libremente con quién compartir información. De ahí nacieron las 50 diferentes configuraciones y las 170 opciones para decidir con quién y cómo compartirla, con la confusión que eso implicó.
Voces en contra
En abril de 2010, una aplicación de la red social invitaba a compartir los gustos de los usuarios en páginas públicas. De hecho se ejecutó, a pesar de que la persona no hubiera aceptado. Fue entonces cuando algunos gobiernos y asociaciones de usuarios de Internet alzaron la voz.
A mediados de mayo de 2010, Facebook anunció la reconsideración de las políticas de privacidad y el 25 de mayo del mismo año se hacían oficiales cuáles serían esas políticas (se hicieron públicas en el blog oficial de Facebook:
http://blog.facebook.com/blog.php?post=391922327130).
¿Cuáles son los cambios? Tres, esencialmente: “Un mando único para el contenido, controles más potentes para tu información básica y un control fácil para apagar todas las aplicaciones”.
Quizá quedaban mejor explicados y analizados en el blog Contando Estrellas (http://www.outono.net/elentir/):
“Los cambios más escandalosos han sido los relativos a la sección “Amigos, etiquetas y conexiones” dentro de la Configuración de Privacidad”.
“Estos últimos días Facebook ha obligado a cambiar el viejo modelo de relación de gustos personales a los que aún nos resistíamos a adoptar el nuevo. Los cambios me han animado a revisar qué información ha hecho pública Facebook de mi perfil sin previo aviso. Mi sorpresa ha sido encontrarme con que Facebook ha abierto a todo el mundo los datos sobre ciudad de origen y residencia, formación y empleo, actividades, intereses y gustos. Millones de personas que habían decidido mantener cierto grado de privacidad sobre una parte o la totalidad de esos datos los tienen ahora expuestos al público sin saberlo”.
“Os aconsejo a todos pulsar aquí y revisar la configuración de privacidad de vuestras cuentas en Facebook, es muy posible que os llevéis más de una sorpresa. Os recuerdo, además, que desde el cambio de privacidad implementado en diciembre, Facebook publica la foto de perfil de sus usuarios aunque antes de ese cambio éstos hubiesen indicado que deseaban mantenerla en privado. Personalmente me quedo perplejo ante la tremenda ligereza que demuestra Facebook en lo relativo a la intimidad de sus usuarios y a la libertad de éstos para decidir qué relaciones quieren establecer en esa red. El pasado sábado Zuckerberg aseguraba que “los usuarios de Facebook no quieren una privacidad absoluta”, una declaración sorprendente teniendo en cuenta que esa red social ya tiene unos 400 millones de usuarios. ¿Ha hecho Zuckerberg una encuesta global entre todos ellos o ha decidido erigirse por su cuenta y riesgo en nuestro portavoz sin habernos consultado antes qué es lo que queremos?”.
Es evidente que Facebook no es una obra de caridad católica o una Organización No Gubernamental de carácter filantrópico. Precisa de ganancias para seguir funcionando y las ganancias dependen, en buena medida, de los datos que los usuarios libremente cargan.
El problema de la privacidad, que ya ha tenido tristes consecuencias, incluso se ha cobrado vidas por concepto de secuestros, o robos de contraseñas –por ejemplo–, es una responsabilidad compartida entre la organización que da el servicio y el usuario que sabe a qué se compromete y qué carga en la red.
Después de todo, nadie obliga a que alguien suba determinada información y las políticas de privacidad son visibles y a ellas se compromete sin coerción quien usa el servicio cuando acepta las condiciones de uso.
Cinco consejos prácticos
Y todo lo anterior, en cuanto responsabilidad compartida, invita precisamente a un uso maduro de esos medios. Fijándonos concretamente en el tema de la privacidad, a continuación cinco consejos prácticos que pueden ayudar a protegerse:
1. Autogobierno. Nosotros somos quienes controlamos el propio perfil, no el perfil quien nos controla a nosotros. El deseo de ser conocido no puede estar por encima de nuestra propia seguridad.
2. Respetar a los otros. Regla de oro: no hacer al otro lo que no me gustaría que me hicieran a mí.
3. Cambiar los datos de acceso. Si uso varias redes sociales, que no sea la misma clave que la del mail, que la de la tarjeta de crédito, el seguro médico, etc. Siempre una diferente. Así si roban una clave, robarán sólo esa clave.
4. Estar informados. Leer las letras pequeñas, saber a qué nos comprometemos, en dónde puede terminar nuestra información. No podemos quejarnos de lo que se nos avisó antes. Como dice el refrán: sobre aviso, no hay engaño.
5. Fijarse en los niveles de privacidad. Conocerlos y aplicarlos.
Como queda dicho, el problema de la privacidad no es sólo un problema de Facebook.
lunes, 18 de octubre de 2010
Enseñar a pensar
La verdad suplantada por ideologías: el pensamiento por el sentimiento
No hace mucho tiempo, Juan Pablo II se dirigía a los jóvenes, en Francia, con las siguientes palabras: "¡Aprended a reflexionar más y más, aprended a pensar! Los estudios que hacéis deben ser un momento privilegiado de aprendizaje para la vida del espíritu ¡Desenmascarad los slogans, los falsos valores, los espejismos, los caminos sin salida!"
¿Acaso los humanos no estamos pensando siempre? El Papa parece indicar que no tanto como creemos. Pensar, ponderar, pondus. "Pensar" sugiere algo de peso: gravedad, consistencia, seriedad, solidez.
Lo más grave
¿Qué es lo más grave que sucede hoy en día? Recuerdo una lección del profesor Leonardo Polo, en la que aseguraba que lo más grave que hoy sucede es que no sucede el pensar. Y a la vuelta de seis lustros parece que el diagnóstico sobre la situación de nuestra sociedad sigue siendo el mismo: no se quiere pensar.
Julián Marías ha advertido que esta sociedad peca de omisión en el pensamiento. ¿Cuántos filósofos de finales del siglo XX - se pregunta-, serán estudiados en los manuales del siglo próximo?
Esta crisis, aunque parcial, se manifiesta también en los hábitos del ciudadano medio: pocos leen un artículo de periódico que desarrolle algún tema de pensamiento; esto es frecuente incluso entre personas que tienen enmarcado un título universitario.
La verdad suplantada por ideologías: el pensamiento por el sentimiento
El pensamiento acerca de la verdad de las cosas ha sido sustituido por ideologías que hacen agua apenas nacen. De otra parte, lo que parece interesar más en la actualidad es no el pensamiento sino lo que alguien ha llamado con humor y acierto, "sensamiento". Se presta mucha atención a lo que "se siente", si se siente mucho o se siente poco, si lo siento o si no lo siento. Es un modo de vivir sobre fundamentos inconsistentes e inestables; un modo de discurrir un tanto irracional, porque procede de vacíos del alma y se desarrolla en la epidermis de la existencia, o en los espacios etéreos de la ficción o del formalismo verbal y la logomaquia.
No se piensa en lo que hay y en lo que son en el fondo las cosas. No se piensa por ejemplo si esto o aquello es "medio" o "fin". Se renuncia a proseguir aquella tarea emprendida con tanto entusiasmo cuando éramos niños: averiguar hasta el último porqué de las cosas. ¿No es cierto -como escribió José María Albareda- que "hay algo en las cosas que las convierte en cautivadora estancia del pensar"? Sin embargo, lo que dijo San Anselmo, que "sólo unos pocos piensan en la verdad de las cosas", parece ser una constante histórica.
Quizá suceda porque debemos "aprender a pensar" y no se enseña suficientemente, cuando ambas cosas constituyen un importante deber. En frase de Alejandro LLano, "pensar, enseñar a pensar, aprender a pensar, es la triple obligación de la inteligencia". Se trata sin duda de una obligación estrictamente moral, pues la razón es la facultad que Dios nos ha dado para descubrir el bien y regir toda nuestra conducta.
¿Por qué a menudo hay miedo a pensar, miedo a la luz y a la libertad del pensador auténtico? Quizá porque cualquier rayo de luz nos guía hacia el sol, y no siempre el hombre se encuentra dispuesto a interesarse por la fuente de la luz y de la vida que puede saciar su más profunda sed.
En que consiste pensar bien
"El pensar bien -dice Balmes, con acierto- consiste, o en conocer la verdad, o en dirigir el entendimiento por el camino que conduce a ella. La verdad es la realidad de las cosas... "Si deseamos pensar bien, hemos de procurar conocer la verdad, es decir, la realidad de las cosas. ¿De qué sirve discurrir con sutileza, o con profundidad aparente, si el pensamiento no está conforme con la realidad?
"El buen pensador procura ver en los objetos todo lo que hay, pero no más de lo que hay. Ciertos hombres tienen talento para ver mucho en todo; pero les cabe la desgracia de ver todo lo que no hay, y nada de lo que hay. Una noticia, una ocurrencia cualquiera, les suministran abundante materia para discurrir con profusión, formando, como suele decirse, castillos en el aire. Estos suelen ser grandes proyectistas y charlatanes.
"Otros adolecen del defecto contrario; ven bien, pero poco; el objeto no se les ofrece sino por un lado; si este desaparece, ya no ven nada. Estos se inclinan a ser sentenciosos y aferrados en sus temas. Se parecen a los que no han salido nunca de su país: fuera del horizonte a que están acostumbrados, se imaginan que no hay más mundo.
Un entendimiento claro, capaz y exacto, abarca el objeto entero; le mira por todos sus lados, en todas sus relaciones con lo que le rodea. La conversación y los escritos de esos hombres privilegiados se distinguen por su claridad, precisión y exactitud. En cada palabra encontráis una idea, y esta idea véis que corresponde a la realidad de las cosas. Os ilustran, os convencen, os dejan plenamente satisfechos; decís con entero entendimiento: "sí, es verdad, tiene razón". Para seguirlos en sus discursos no necesitáis esforzaros; parece que andáis por un camino llano, y que el que habla sólo se ocupa de haceros notar con oportunidad los objetos que encontráis a vuestro paso. Si explican una materia difícil y abstrusa, también os ahorran mucho tiempo y fatiga (...)
"Echase pues de ver que el arte de pensar bien no interesa solamente a los filósofos, sino también a las gentes más sencillas. El entendimiento es un don precioso que nos ha otorgado el Criador, es la luz que se nos ha dado para guiarnos en nuestras acciones; y claro es que uno de los primeros cuidados que debe ocupar al hombre es tener bien arreglada esta luz. Si ella falta nos quedamos a oscuras, andamos a tientas; y por este motivo es necesario no dejarla que se apague. No debemos tener el entendimiento en inacción con peligro de que se ponga obtuso y estúpido; y por otra parte, cuando nos proponemos ejercitarle y avivarle, conviene que su luz sea buena para que no nos deslumbre, bien dirigida para que no nos extravíe"
Es obvio que una de las más importantes facetas de la educación -si no la que más- es la del pensamiento, pues al intelecto toca regir la conducta humana toda, llevarla a buen fin, a buen puerto, al Fin final que da sentido a todo el existir
No hace mucho tiempo, Juan Pablo II se dirigía a los jóvenes, en Francia, con las siguientes palabras: "¡Aprended a reflexionar más y más, aprended a pensar! Los estudios que hacéis deben ser un momento privilegiado de aprendizaje para la vida del espíritu ¡Desenmascarad los slogans, los falsos valores, los espejismos, los caminos sin salida!"
¿Acaso los humanos no estamos pensando siempre? El Papa parece indicar que no tanto como creemos. Pensar, ponderar, pondus. "Pensar" sugiere algo de peso: gravedad, consistencia, seriedad, solidez.
Lo más grave
¿Qué es lo más grave que sucede hoy en día? Recuerdo una lección del profesor Leonardo Polo, en la que aseguraba que lo más grave que hoy sucede es que no sucede el pensar. Y a la vuelta de seis lustros parece que el diagnóstico sobre la situación de nuestra sociedad sigue siendo el mismo: no se quiere pensar.
Julián Marías ha advertido que esta sociedad peca de omisión en el pensamiento. ¿Cuántos filósofos de finales del siglo XX - se pregunta-, serán estudiados en los manuales del siglo próximo?
Esta crisis, aunque parcial, se manifiesta también en los hábitos del ciudadano medio: pocos leen un artículo de periódico que desarrolle algún tema de pensamiento; esto es frecuente incluso entre personas que tienen enmarcado un título universitario.
La verdad suplantada por ideologías: el pensamiento por el sentimiento
El pensamiento acerca de la verdad de las cosas ha sido sustituido por ideologías que hacen agua apenas nacen. De otra parte, lo que parece interesar más en la actualidad es no el pensamiento sino lo que alguien ha llamado con humor y acierto, "sensamiento". Se presta mucha atención a lo que "se siente", si se siente mucho o se siente poco, si lo siento o si no lo siento. Es un modo de vivir sobre fundamentos inconsistentes e inestables; un modo de discurrir un tanto irracional, porque procede de vacíos del alma y se desarrolla en la epidermis de la existencia, o en los espacios etéreos de la ficción o del formalismo verbal y la logomaquia.
No se piensa en lo que hay y en lo que son en el fondo las cosas. No se piensa por ejemplo si esto o aquello es "medio" o "fin". Se renuncia a proseguir aquella tarea emprendida con tanto entusiasmo cuando éramos niños: averiguar hasta el último porqué de las cosas. ¿No es cierto -como escribió José María Albareda- que "hay algo en las cosas que las convierte en cautivadora estancia del pensar"? Sin embargo, lo que dijo San Anselmo, que "sólo unos pocos piensan en la verdad de las cosas", parece ser una constante histórica.
Quizá suceda porque debemos "aprender a pensar" y no se enseña suficientemente, cuando ambas cosas constituyen un importante deber. En frase de Alejandro LLano, "pensar, enseñar a pensar, aprender a pensar, es la triple obligación de la inteligencia". Se trata sin duda de una obligación estrictamente moral, pues la razón es la facultad que Dios nos ha dado para descubrir el bien y regir toda nuestra conducta.
¿Por qué a menudo hay miedo a pensar, miedo a la luz y a la libertad del pensador auténtico? Quizá porque cualquier rayo de luz nos guía hacia el sol, y no siempre el hombre se encuentra dispuesto a interesarse por la fuente de la luz y de la vida que puede saciar su más profunda sed.
En que consiste pensar bien
"El pensar bien -dice Balmes, con acierto- consiste, o en conocer la verdad, o en dirigir el entendimiento por el camino que conduce a ella. La verdad es la realidad de las cosas... "Si deseamos pensar bien, hemos de procurar conocer la verdad, es decir, la realidad de las cosas. ¿De qué sirve discurrir con sutileza, o con profundidad aparente, si el pensamiento no está conforme con la realidad?
"El buen pensador procura ver en los objetos todo lo que hay, pero no más de lo que hay. Ciertos hombres tienen talento para ver mucho en todo; pero les cabe la desgracia de ver todo lo que no hay, y nada de lo que hay. Una noticia, una ocurrencia cualquiera, les suministran abundante materia para discurrir con profusión, formando, como suele decirse, castillos en el aire. Estos suelen ser grandes proyectistas y charlatanes.
"Otros adolecen del defecto contrario; ven bien, pero poco; el objeto no se les ofrece sino por un lado; si este desaparece, ya no ven nada. Estos se inclinan a ser sentenciosos y aferrados en sus temas. Se parecen a los que no han salido nunca de su país: fuera del horizonte a que están acostumbrados, se imaginan que no hay más mundo.
Un entendimiento claro, capaz y exacto, abarca el objeto entero; le mira por todos sus lados, en todas sus relaciones con lo que le rodea. La conversación y los escritos de esos hombres privilegiados se distinguen por su claridad, precisión y exactitud. En cada palabra encontráis una idea, y esta idea véis que corresponde a la realidad de las cosas. Os ilustran, os convencen, os dejan plenamente satisfechos; decís con entero entendimiento: "sí, es verdad, tiene razón". Para seguirlos en sus discursos no necesitáis esforzaros; parece que andáis por un camino llano, y que el que habla sólo se ocupa de haceros notar con oportunidad los objetos que encontráis a vuestro paso. Si explican una materia difícil y abstrusa, también os ahorran mucho tiempo y fatiga (...)
"Echase pues de ver que el arte de pensar bien no interesa solamente a los filósofos, sino también a las gentes más sencillas. El entendimiento es un don precioso que nos ha otorgado el Criador, es la luz que se nos ha dado para guiarnos en nuestras acciones; y claro es que uno de los primeros cuidados que debe ocupar al hombre es tener bien arreglada esta luz. Si ella falta nos quedamos a oscuras, andamos a tientas; y por este motivo es necesario no dejarla que se apague. No debemos tener el entendimiento en inacción con peligro de que se ponga obtuso y estúpido; y por otra parte, cuando nos proponemos ejercitarle y avivarle, conviene que su luz sea buena para que no nos deslumbre, bien dirigida para que no nos extravíe"
Es obvio que una de las más importantes facetas de la educación -si no la que más- es la del pensamiento, pues al intelecto toca regir la conducta humana toda, llevarla a buen fin, a buen puerto, al Fin final que da sentido a todo el existir
martes, 28 de septiembre de 2010
Pensamiento en mi cumpleaños: para que no pase a ti ni ami
De tanto correr por la vida sin freno
Me olvidé que la vida se vive un momento
De tanto querer ser en todo el primero
Me olvidé de vivir los detalles pequeños.
De tanto jugar con los sentimientos
Viviendo de aplausos envueltos en sueños
De tanto gritar mis canciones al viento
Ya no soy como ayer, ya no se lo que siento
Me olvidé de vivir
Me olvidé de vivir
Me olvidé de vivir
Me olvidé de vivir
De tanto cantarle al amor y la vida
Me quede sin amor una noche de un día
De tanto jugar con quien yo más quería
Perdí sin querer lo mejor que tenía.
De tanto ocultar la verdad con mentiras
Me engañé sin saber que era yo quien perdía
De tanto esperar, yo que nunca ofrecía
Hoy me toca llorar, yo que siempre reía.
Me olvidé de vivir
Me olvidé de vivir
Me olvidé de vivir
Me olvidé de vivir
De tanto correr por ganar tiempo al tiempo
Queriendo robarle a mis noches el sueño
De tanto fracasos, de tantos intentos
Por querer descubrir cada día algo nuevo.
De tanto jugar con los sentimientos
Viviendo de aplausos envueltos en sueños
De tanto gritar mis canciones al viento
Ya no soy como ayer, ya no se lo que siento.
Me olvidé de vivir
Me olvidé de vivir
Me olvidé de vivir
Me olvidé de vivir
JULIO IGLESIAS
Me olvidé que la vida se vive un momento
De tanto querer ser en todo el primero
Me olvidé de vivir los detalles pequeños.
De tanto jugar con los sentimientos
Viviendo de aplausos envueltos en sueños
De tanto gritar mis canciones al viento
Ya no soy como ayer, ya no se lo que siento
Me olvidé de vivir
Me olvidé de vivir
Me olvidé de vivir
Me olvidé de vivir
De tanto cantarle al amor y la vida
Me quede sin amor una noche de un día
De tanto jugar con quien yo más quería
Perdí sin querer lo mejor que tenía.
De tanto ocultar la verdad con mentiras
Me engañé sin saber que era yo quien perdía
De tanto esperar, yo que nunca ofrecía
Hoy me toca llorar, yo que siempre reía.
Me olvidé de vivir
Me olvidé de vivir
Me olvidé de vivir
Me olvidé de vivir
De tanto correr por ganar tiempo al tiempo
Queriendo robarle a mis noches el sueño
De tanto fracasos, de tantos intentos
Por querer descubrir cada día algo nuevo.
De tanto jugar con los sentimientos
Viviendo de aplausos envueltos en sueños
De tanto gritar mis canciones al viento
Ya no soy como ayer, ya no se lo que siento.
Me olvidé de vivir
Me olvidé de vivir
Me olvidé de vivir
Me olvidé de vivir
JULIO IGLESIAS
domingo, 19 de septiembre de 2010
Recordando a John Henry Newman en el día de su beatificación
Recordando a John Henry Newman en el día de su beatificación
Discurso de Newman en Roma al recibir el Biglietto que le anunciaba su designación cardenalicia (12 de mayo de 1879)
Este domingo, 19 de septiembre del 2010, Benedicto XVI beatificará a John Henry Newman.
Recordamos sus palabras cuando recibió de León XIII el capelo cardenalicio
"Me alegra decir que me he opuesto desde el comienzo a un gran mal. Durante treinta, cuarenta, cincuenta años, he resistido con lo mejor de mis fuerzas al espíritu del liberalismo en religión. ¡Nunca la Santa Iglesia necesitó defensores contra él con más urgencia que ahora, cuando desafortunadamente es un error que se expande como una trampa por toda la tierra! Y en esta ocasión, en que es natural para quien está en mi lugar considerar el mundo y mirar la Santa Iglesia tal como está, y su futuro (...) El liberalismo religioso es la doctrina que afirma que no hay ninguna verdad positiva en religión, que un credo es tan bueno como otro, y esta es la enseñanza que va ganando solidez y fuerza diariamente. Es incongruente con cualquier reconocimiento de cualquier religión como verdadera".
En la mañana del lunes 12 de mayo, Newman fue al Palazzo della Pigna, la residencia del Cardenal Howard, que le había cedido sus apartamentos para recibir allí al mensajero del Vaticano que traía el Biglietto de parte del Cardenal Secretario de Estado, informándole que en un Consistorio secreto, que había tenido lugar esa misma mañana, el Santo Padre le había elevado a la dignidad de Cardenal.
A las once en punto, las habitaciones estaban llenas de católicos ingleses y americanos, tanto eclesiásticos como laicos, y también muchos miembros de la nobleza romana y dignatarios de la Iglesia, reunidos para ser testigos de la ceremonia. Poco después del mediodía fue anunciado el mensajero consistorial.
Al entrar entregó el Biglietto en manos de Newman, quien, después de romper el sello, lo pasó a Mons. Clifford, obispo de Clifton, el cual leyó el contenido en voz alta. Luego, el mensajero informó al nuevo Cardenal que Su Santidad lo recibiría en el Vaticano a las diez de la mañana del día siguiente, para conferirle la birreta cardenalicia. Después de los acostumbrados cumplidos, Su Eminencia el Cardenal John Henry Newman pronunció el siguiente discurso, que desde entonces es conocido como Biglietto Speech. El primer párrafo lo pronunció en italiano:
“Le agradezco, Monseñor, la participación que me hecho del alto honor que el Santo Padre se ha dignado conferir sobre mi humilde persona. Y si le pido permiso para continuar dirigiéndome a Ud., no en su idioma musical, sino en mi querida lengua materna, es porque en ella puedo expresar mis sentimientos, sobre este amabilísimo anuncio que me ha traído, mucho mejor que intentar lo que me sobrepasa.
En primer lugar, quiero hablar del asombro y la profunda gratitud que sentí, y siento aún, ante la condescendencia y amor que el Santo Padre ha tenido hacia mí al distinguirme con tan inmenso honor. Fue una gran sorpresa. Jamás me vino a la mente semejante elevación, y hubiera parecido en desacuerdo con mis antecedentes. Había atravesado muchas aflicciones, que han pasado ya, y ahora me había casi llegado el fin de todas las cosas, y estaba en paz.
¿Será posible que, después de todo, haya vivido tantos años para esto? Tampoco es fácil ver cómo podría haber soportado un impacto tan grande si el Santo Padre no lo hubiese atemperado con un segundo acto de condescendencia hacia mí, que fue para todos los que lo supieron una evidencia conmovedora de su naturaleza amable y generosa. Se compadeció de mí y me dijo las razones por las cuales me elevaba a esta dignidad. Además de otras palabras de aliento, dijo que su acto era un reconocimiento de mi celo y buen servicio de tanto años por la causa católica, más aún, que creía darles gusto a los católicos ingleses, incluso a la Inglaterra protestante, si yo recibía alguna señal de su favor. Después de tales palabras bondadosas de Su Santidad, hubiera sido insensible y cruel de mi parte haber tenido escrúpulos por más tiempo.
Esto fue lo que tuvo la amabilidad de decirme, ¿y qué más podía querer yo? A lo largo de muchos años he cometido muchos errores. No tengo nada de esa perfección que pertenece a los escritos de los santos, es decir, que no podemos encontrar error en ellos. Pero lo que creo poder afirmar sobre todo lo que escribí es esto: que hubo intención honesta, ausencia de fines personales, temperamento obediente, deseo de ser corregido, miedo al error, deseo de servir a la Santa Iglesia, y, por la misericordia divina, una justa medida de éxito.
Y me alegra decir que me he opuesto desde el comienzo a un gran mal. Durante treinta, cuarenta, cincuenta años, he resistido con lo mejor de mis fuerzas al espíritu del liberalismo en religión. ¡Nunca la Santa Iglesia necesitó defensores contra él con más urgencia que ahora, cuando desafortunadamente es un error que se expande como una trampa por toda la tierra! Y en esta ocasión, en que es natural para quien está en mi lugar considerar el mundo y mirar la Santa Iglesia tal como está, y su futuro, espero que no se juzgará fuera de lugar si renuevo la protesta que hecho tan a menudo.
El liberalismo religioso es la doctrina que afirma que no hay ninguna verdad positiva en religión, que un credo es tan bueno como otro, y esta es la enseñanza que va ganando solidez y fuerza diariamente. Es incongruente con cualquier reconocimiento de cualquier religión como verdadera. Enseña que todas deben ser toleradas, pues todas son materia de opinión. La religión revelada no es una verdad, sino un sentimiento o gusto; no es un hecho objetivo ni milagroso, y está en el derecho de cada individuo hacerle decir tan sólo lo que impresiona a su fantasía. La devoción no está necesariamente fundada en la fe.
Los hombres pueden ir a iglesias protestantes y católicas, pueden aprovechar de ambas y no pertenecer a ninguna. Pueden fraternizar juntos con pensamientos y sentimientos espirituales sin tener ninguna doctrina en común, o sin ver la necesidad de tenerla. Si, pues, la religión es una peculiaridad tan personal y una posesión tan privada, debemos ignorarla necesariamente en las interrelaciones de los hombres entre sí. Si alguien sostiene una nueva religión cada mañana, ¿a ti qué te importa? Es tan impertinente pensar acerca de la religión de un hombre como acerca de sus ingresos o el gobierno de su familia. La religión en ningún sentido es el vínculo de la sociedad.
Hasta ahora el poder civil ha sido cristiano. Aún en países separados de la Iglesia, como el mío, el dicho vigente cuando yo era joven era: “el cristianismo es la ley del país”. Ahora, en todas partes, ese excelente marco social, que es creación del cristianismo, está abandonando el cristianismo.
El dicho al que me he referido se ha ido o se está yendo en todas partes, junto con otros cien más que le siguen, y para el fin del siglo, a menos que interfiera el Todopoderoso, habrá sido olvidado. Hasta ahora, se había considerado que sólo la religión, con sus sanciones sobrenaturales, era suficientemente fuerte para asegurar la sumisión de nuestra población a la ley y al orden. Ahora, los filósofos y los políticos están empeñados en resolver este problema sin la ayuda del cristianismo. Reemplazarían la autoridad y la enseñanza de la Iglesia, antes que nada, por una educación universal y completamente secular, calculada para convencer a cada individuo que su interés personal es ser ordenado, trabajador y sobrio.
Luego, para el funcionamiento de los grandes principios que toman el lugar de la religión, y para el uso de las masas así educadas cuidadosamente, se provee de las amplias y fundamentales verdades éticas de justicia, benevolencia, veracidad, y semejantes, de experiencia probada, y de aquellas leyes naturales que existen y actúan espontáneamente en la sociedad, y en asuntos sociales, sean físicas o psicológicas, por ejemplo, en el gobierno, en los negocios, en las finanzas, en los experimentos sanitarios, y en las relaciones internacionales. En cuanto a la religión, es un lujo privado que un hombre puede tener si lo desea, pero por el cual, por supuesto, debe pagar, y que no debe imponer a los demás ni permitirse fastidiarlos.
El carácter general de esta gran apostasía es uno y el mismo en todas partes, pero en detalle, y en carácter, varía en los diferentes países. En cuanto a mí, hablaría mejor de mi propio país, que sí conozco. Creo que allí amenaza con tener un formidable éxito, aunque no es fácil ver cuál será su resultado final. A primera vista podría pensarse que los ingleses son demasiado religiosos para un movimiento que, en el continente, parece estar fundado en la infidelidad.
Pero nuestra desgracia es que, aunque termina en la infidelidad como en otros lugares, no necesariamente brota de la infidelidad. Se debe recordar que las sectas religiosas que se difundieron en Inglaterra hace tres siglos, y que son tan poderosas ahora, se han opuesto ferozmente a la unión entre la Iglesia y el Estado, y abogarían por la descristianización de la monarquía y de todo lo que le pertenece, bajo la noción de que semejante catástrofe haría al cristianismo mucho más puro y mucho más poderoso. Luego, el principio liberal nos está forzando por la necesidad del caso.
Considerad lo que se sigue por el mismo hecho de que existen tantas sectas. Se supone que son la religión de la mitad de la población, y recordad que nuestro modo de gobierno es popular. Uno de cada doce hombres tomados al azar en la calle tiene participación en el poder político, y cuando les preguntáis sobre sus creencias representan una u otra de por lo menos siete religiones.
¿Cómo puede ser posible que actúen juntos en asuntos municipales o nacionales si cada uno insiste en el reconocimiento de su propia denominación religiosa? Toda acción llegaría a un punto muerto a menos que el tema de la religión sea ignorado. No podemos ayudarnos a nosotros mismos.
Y, en tercer lugar, debe tenerse en cuenta que hay mucho de bueno y verdadero en la teoría liberal. Por ejemplo, y para no decir más, están entre sus principios declarados y en las leyes naturales de la sociedad, los preceptos de justicia, veracidad, sobriedad, autodominio y benevolencia, a los que ya me he referido. No decimos que es un mal hasta no descubrir que esta serie de principios está propuesta para sustituir o bloquear la religión.
Nunca ha habido una estratagema del Enemigo ideada con tanta inteligencia y con tal posibilidad de éxito. Y ya ha respondido a la expectativas que han aparecido sobre la misma. Está haciendo entrar majestuosamente en sus filas a un gran número de hombres capaces, serios y virtuosos, hombres mayores de aprobados antecedentes, y jóvenes con una carrera por delante.
Tal es el estado de cosas en Inglaterra, y es bueno que todos tomemos conciencia de ello. Pero no debe suponerse ni por un instante que tengo temor de ello. Lo lamento profundamente, porque preveo que puede ser la ruina de muchas almas, pero no tengo temor en absoluto de que realmente pueda hacer algún daño serio a la Palabra de Dios, a la Santa Iglesia, a nuestro Rey Todopoderoso, al León de la tribu de Judá, Fiel y Veraz, o a Su Vicario en la tierra. El cristianismo ha estado tan a menudo en lo que parecía un peligro mortal, que ahora debemos temer cualquier nueva adversidad. Hasta aquí es cierto.
Pero, por otro lado, lo que es incierto, y en estas grandes contiendas es generalmente incierto, y lo que es comúnmente una gran sorpresa cuando se lo ve, es el modo particular por el cual la Providencia rescata y salva a su herencia elegida, tal como resulta. Algunas veces nuestro enemigo se vuelve amigo, algunas veces es despojado de esa especial virulencia del mal que es tan amenazante, algunas veces cae en pedazos, algunas veces hace sólo lo que es beneficioso y luego es removido. Generalmente, la Iglesia no tiene nada más que hacer que continuar en sus propios deberes, con confianza y en paz, mantenerse tranquila y ver la salvación de Dios. “Los humildes poseerán la tierra y gozarán de inmensa paz” (Salmo 37,11).[1]
Su Eminencia habló con voz fuerte y clara, y aún cuando estuvo de pie todo el tiempo no mostró signos de fatiga.
El texto fue telegrafiado a Londres por el corresponsal del “The Times” y apareció completo en el periódico al día siguiente. Más aún, gracias a la bondad del Padre Armellini, S.J., que lo tradujo al italiano durante la noche, salió completo en “L’Osservatore Romano” del día siguiente.
Discurso de Newman en Roma al recibir el Biglietto que le anunciaba su designación cardenalicia (12 de mayo de 1879)
Este domingo, 19 de septiembre del 2010, Benedicto XVI beatificará a John Henry Newman.
Recordamos sus palabras cuando recibió de León XIII el capelo cardenalicio
"Me alegra decir que me he opuesto desde el comienzo a un gran mal. Durante treinta, cuarenta, cincuenta años, he resistido con lo mejor de mis fuerzas al espíritu del liberalismo en religión. ¡Nunca la Santa Iglesia necesitó defensores contra él con más urgencia que ahora, cuando desafortunadamente es un error que se expande como una trampa por toda la tierra! Y en esta ocasión, en que es natural para quien está en mi lugar considerar el mundo y mirar la Santa Iglesia tal como está, y su futuro (...) El liberalismo religioso es la doctrina que afirma que no hay ninguna verdad positiva en religión, que un credo es tan bueno como otro, y esta es la enseñanza que va ganando solidez y fuerza diariamente. Es incongruente con cualquier reconocimiento de cualquier religión como verdadera".
En la mañana del lunes 12 de mayo, Newman fue al Palazzo della Pigna, la residencia del Cardenal Howard, que le había cedido sus apartamentos para recibir allí al mensajero del Vaticano que traía el Biglietto de parte del Cardenal Secretario de Estado, informándole que en un Consistorio secreto, que había tenido lugar esa misma mañana, el Santo Padre le había elevado a la dignidad de Cardenal.
A las once en punto, las habitaciones estaban llenas de católicos ingleses y americanos, tanto eclesiásticos como laicos, y también muchos miembros de la nobleza romana y dignatarios de la Iglesia, reunidos para ser testigos de la ceremonia. Poco después del mediodía fue anunciado el mensajero consistorial.
Al entrar entregó el Biglietto en manos de Newman, quien, después de romper el sello, lo pasó a Mons. Clifford, obispo de Clifton, el cual leyó el contenido en voz alta. Luego, el mensajero informó al nuevo Cardenal que Su Santidad lo recibiría en el Vaticano a las diez de la mañana del día siguiente, para conferirle la birreta cardenalicia. Después de los acostumbrados cumplidos, Su Eminencia el Cardenal John Henry Newman pronunció el siguiente discurso, que desde entonces es conocido como Biglietto Speech. El primer párrafo lo pronunció en italiano:
“Le agradezco, Monseñor, la participación que me hecho del alto honor que el Santo Padre se ha dignado conferir sobre mi humilde persona. Y si le pido permiso para continuar dirigiéndome a Ud., no en su idioma musical, sino en mi querida lengua materna, es porque en ella puedo expresar mis sentimientos, sobre este amabilísimo anuncio que me ha traído, mucho mejor que intentar lo que me sobrepasa.
En primer lugar, quiero hablar del asombro y la profunda gratitud que sentí, y siento aún, ante la condescendencia y amor que el Santo Padre ha tenido hacia mí al distinguirme con tan inmenso honor. Fue una gran sorpresa. Jamás me vino a la mente semejante elevación, y hubiera parecido en desacuerdo con mis antecedentes. Había atravesado muchas aflicciones, que han pasado ya, y ahora me había casi llegado el fin de todas las cosas, y estaba en paz.
¿Será posible que, después de todo, haya vivido tantos años para esto? Tampoco es fácil ver cómo podría haber soportado un impacto tan grande si el Santo Padre no lo hubiese atemperado con un segundo acto de condescendencia hacia mí, que fue para todos los que lo supieron una evidencia conmovedora de su naturaleza amable y generosa. Se compadeció de mí y me dijo las razones por las cuales me elevaba a esta dignidad. Además de otras palabras de aliento, dijo que su acto era un reconocimiento de mi celo y buen servicio de tanto años por la causa católica, más aún, que creía darles gusto a los católicos ingleses, incluso a la Inglaterra protestante, si yo recibía alguna señal de su favor. Después de tales palabras bondadosas de Su Santidad, hubiera sido insensible y cruel de mi parte haber tenido escrúpulos por más tiempo.
Esto fue lo que tuvo la amabilidad de decirme, ¿y qué más podía querer yo? A lo largo de muchos años he cometido muchos errores. No tengo nada de esa perfección que pertenece a los escritos de los santos, es decir, que no podemos encontrar error en ellos. Pero lo que creo poder afirmar sobre todo lo que escribí es esto: que hubo intención honesta, ausencia de fines personales, temperamento obediente, deseo de ser corregido, miedo al error, deseo de servir a la Santa Iglesia, y, por la misericordia divina, una justa medida de éxito.
Y me alegra decir que me he opuesto desde el comienzo a un gran mal. Durante treinta, cuarenta, cincuenta años, he resistido con lo mejor de mis fuerzas al espíritu del liberalismo en religión. ¡Nunca la Santa Iglesia necesitó defensores contra él con más urgencia que ahora, cuando desafortunadamente es un error que se expande como una trampa por toda la tierra! Y en esta ocasión, en que es natural para quien está en mi lugar considerar el mundo y mirar la Santa Iglesia tal como está, y su futuro, espero que no se juzgará fuera de lugar si renuevo la protesta que hecho tan a menudo.
El liberalismo religioso es la doctrina que afirma que no hay ninguna verdad positiva en religión, que un credo es tan bueno como otro, y esta es la enseñanza que va ganando solidez y fuerza diariamente. Es incongruente con cualquier reconocimiento de cualquier religión como verdadera. Enseña que todas deben ser toleradas, pues todas son materia de opinión. La religión revelada no es una verdad, sino un sentimiento o gusto; no es un hecho objetivo ni milagroso, y está en el derecho de cada individuo hacerle decir tan sólo lo que impresiona a su fantasía. La devoción no está necesariamente fundada en la fe.
Los hombres pueden ir a iglesias protestantes y católicas, pueden aprovechar de ambas y no pertenecer a ninguna. Pueden fraternizar juntos con pensamientos y sentimientos espirituales sin tener ninguna doctrina en común, o sin ver la necesidad de tenerla. Si, pues, la religión es una peculiaridad tan personal y una posesión tan privada, debemos ignorarla necesariamente en las interrelaciones de los hombres entre sí. Si alguien sostiene una nueva religión cada mañana, ¿a ti qué te importa? Es tan impertinente pensar acerca de la religión de un hombre como acerca de sus ingresos o el gobierno de su familia. La religión en ningún sentido es el vínculo de la sociedad.
Hasta ahora el poder civil ha sido cristiano. Aún en países separados de la Iglesia, como el mío, el dicho vigente cuando yo era joven era: “el cristianismo es la ley del país”. Ahora, en todas partes, ese excelente marco social, que es creación del cristianismo, está abandonando el cristianismo.
El dicho al que me he referido se ha ido o se está yendo en todas partes, junto con otros cien más que le siguen, y para el fin del siglo, a menos que interfiera el Todopoderoso, habrá sido olvidado. Hasta ahora, se había considerado que sólo la religión, con sus sanciones sobrenaturales, era suficientemente fuerte para asegurar la sumisión de nuestra población a la ley y al orden. Ahora, los filósofos y los políticos están empeñados en resolver este problema sin la ayuda del cristianismo. Reemplazarían la autoridad y la enseñanza de la Iglesia, antes que nada, por una educación universal y completamente secular, calculada para convencer a cada individuo que su interés personal es ser ordenado, trabajador y sobrio.
Luego, para el funcionamiento de los grandes principios que toman el lugar de la religión, y para el uso de las masas así educadas cuidadosamente, se provee de las amplias y fundamentales verdades éticas de justicia, benevolencia, veracidad, y semejantes, de experiencia probada, y de aquellas leyes naturales que existen y actúan espontáneamente en la sociedad, y en asuntos sociales, sean físicas o psicológicas, por ejemplo, en el gobierno, en los negocios, en las finanzas, en los experimentos sanitarios, y en las relaciones internacionales. En cuanto a la religión, es un lujo privado que un hombre puede tener si lo desea, pero por el cual, por supuesto, debe pagar, y que no debe imponer a los demás ni permitirse fastidiarlos.
El carácter general de esta gran apostasía es uno y el mismo en todas partes, pero en detalle, y en carácter, varía en los diferentes países. En cuanto a mí, hablaría mejor de mi propio país, que sí conozco. Creo que allí amenaza con tener un formidable éxito, aunque no es fácil ver cuál será su resultado final. A primera vista podría pensarse que los ingleses son demasiado religiosos para un movimiento que, en el continente, parece estar fundado en la infidelidad.
Pero nuestra desgracia es que, aunque termina en la infidelidad como en otros lugares, no necesariamente brota de la infidelidad. Se debe recordar que las sectas religiosas que se difundieron en Inglaterra hace tres siglos, y que son tan poderosas ahora, se han opuesto ferozmente a la unión entre la Iglesia y el Estado, y abogarían por la descristianización de la monarquía y de todo lo que le pertenece, bajo la noción de que semejante catástrofe haría al cristianismo mucho más puro y mucho más poderoso. Luego, el principio liberal nos está forzando por la necesidad del caso.
Considerad lo que se sigue por el mismo hecho de que existen tantas sectas. Se supone que son la religión de la mitad de la población, y recordad que nuestro modo de gobierno es popular. Uno de cada doce hombres tomados al azar en la calle tiene participación en el poder político, y cuando les preguntáis sobre sus creencias representan una u otra de por lo menos siete religiones.
¿Cómo puede ser posible que actúen juntos en asuntos municipales o nacionales si cada uno insiste en el reconocimiento de su propia denominación religiosa? Toda acción llegaría a un punto muerto a menos que el tema de la religión sea ignorado. No podemos ayudarnos a nosotros mismos.
Y, en tercer lugar, debe tenerse en cuenta que hay mucho de bueno y verdadero en la teoría liberal. Por ejemplo, y para no decir más, están entre sus principios declarados y en las leyes naturales de la sociedad, los preceptos de justicia, veracidad, sobriedad, autodominio y benevolencia, a los que ya me he referido. No decimos que es un mal hasta no descubrir que esta serie de principios está propuesta para sustituir o bloquear la religión.
Nunca ha habido una estratagema del Enemigo ideada con tanta inteligencia y con tal posibilidad de éxito. Y ya ha respondido a la expectativas que han aparecido sobre la misma. Está haciendo entrar majestuosamente en sus filas a un gran número de hombres capaces, serios y virtuosos, hombres mayores de aprobados antecedentes, y jóvenes con una carrera por delante.
Tal es el estado de cosas en Inglaterra, y es bueno que todos tomemos conciencia de ello. Pero no debe suponerse ni por un instante que tengo temor de ello. Lo lamento profundamente, porque preveo que puede ser la ruina de muchas almas, pero no tengo temor en absoluto de que realmente pueda hacer algún daño serio a la Palabra de Dios, a la Santa Iglesia, a nuestro Rey Todopoderoso, al León de la tribu de Judá, Fiel y Veraz, o a Su Vicario en la tierra. El cristianismo ha estado tan a menudo en lo que parecía un peligro mortal, que ahora debemos temer cualquier nueva adversidad. Hasta aquí es cierto.
Pero, por otro lado, lo que es incierto, y en estas grandes contiendas es generalmente incierto, y lo que es comúnmente una gran sorpresa cuando se lo ve, es el modo particular por el cual la Providencia rescata y salva a su herencia elegida, tal como resulta. Algunas veces nuestro enemigo se vuelve amigo, algunas veces es despojado de esa especial virulencia del mal que es tan amenazante, algunas veces cae en pedazos, algunas veces hace sólo lo que es beneficioso y luego es removido. Generalmente, la Iglesia no tiene nada más que hacer que continuar en sus propios deberes, con confianza y en paz, mantenerse tranquila y ver la salvación de Dios. “Los humildes poseerán la tierra y gozarán de inmensa paz” (Salmo 37,11).[1]
Su Eminencia habló con voz fuerte y clara, y aún cuando estuvo de pie todo el tiempo no mostró signos de fatiga.
El texto fue telegrafiado a Londres por el corresponsal del “The Times” y apareció completo en el periódico al día siguiente. Más aún, gracias a la bondad del Padre Armellini, S.J., que lo tradujo al italiano durante la noche, salió completo en “L’Osservatore Romano” del día siguiente.
miércoles, 1 de septiembre de 2010
Dicen que no hablan las plantas
Hoy me me acordé de mi querido abuelo paterno y por su amor a la poesía (entre sus muchos amores, por eso razón transcribo uno de esos poemas que le oía recitar.
Autora:
Rosalía de Castro (1837 - 1885)
(Poema en octonarios [8+8]en que la autora expresa sus añorantes anhelos de belleza, de juventud, de paz y de dicha, frenados por el presentimiento de la muerte ya cercana por el cáncer de útero que padecía) En fin va el poema:
Dicen que no hablan las
plantas, ni las fuentes, ni los
pájaros,
Ni el onda con sus rumores, ni
con su brillo los astros,
Lo dicen, pero no es cierto,
pues siempre cuando yo paso,
De mi murmuran y exclaman:
- Ahí va la loca
soñando
Con la eterna primavera de la
vida y de los campos,
Y ya bien pronto, bien pronto,
tendrá los cabellos canos,
Y ve temblando, aterida,
que cubre la escarcha el prado.
-Hay canas en mi cabeza, hay
en los prados escarcha,
Mas yo prosigo soñando,
pobre, incurable sonámbula,
Con la eterna primavera de la
vida se apaga
y la perenne frescura de los
campos y las almas,
Aunque los unos se agostan y
aunque las otras se abrasan.
Astros y fuentes y flores, no
murmuréis de mis sueños,
Sin ellos, ¿cómo admiraros ni
cómo vivir sin ellos?
Autora:
Rosalía de Castro (1837 - 1885)
(Poema en octonarios [8+8]en que la autora expresa sus añorantes anhelos de belleza, de juventud, de paz y de dicha, frenados por el presentimiento de la muerte ya cercana por el cáncer de útero que padecía) En fin va el poema:
Dicen que no hablan las
plantas, ni las fuentes, ni los
pájaros,
Ni el onda con sus rumores, ni
con su brillo los astros,
Lo dicen, pero no es cierto,
pues siempre cuando yo paso,
De mi murmuran y exclaman:
- Ahí va la loca
soñando
Con la eterna primavera de la
vida y de los campos,
Y ya bien pronto, bien pronto,
tendrá los cabellos canos,
Y ve temblando, aterida,
que cubre la escarcha el prado.
-Hay canas en mi cabeza, hay
en los prados escarcha,
Mas yo prosigo soñando,
pobre, incurable sonámbula,
Con la eterna primavera de la
vida se apaga
y la perenne frescura de los
campos y las almas,
Aunque los unos se agostan y
aunque las otras se abrasan.
Astros y fuentes y flores, no
murmuréis de mis sueños,
Sin ellos, ¿cómo admiraros ni
cómo vivir sin ellos?
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